lunes, octubre 03, 2005

A propósito de Mamá África

"En cada comunidad, en cada nación, la gente hace cosas grandes y pequeñas para ayudar a construir un mundo mejor. Pensemos en lo que se ha logrado hasta hoy: viajes espaciales; comunicaciones por satélite, transplantes de corazón. Hoy, hemos llegado adonde ninguna generación anterior hubiera soñado. Pero, ya ven, hoy, 820 millones de personas todavía no tienen bastante para comer. Esto no tiene por qué ser así."

Quien así se expresa es Míriam Makeba, Mamá África para todos los que conocen su música y su obra de la vida, uno de los grandes tesoros de la historia musical mundial, icono de la cultura africana, símbolo de la lucha contra el racismo, el apartheid y la conquista de la dignidad de su pueblo.

Zensile Makeba (su verdadero nombre), hizo que su extraordinaria campaña contra la desigualdad y la injusticia se sumara a su fama mundial por su talento musical, porque la Dra. Makeba, Embajadora de Buena Voluntad de la ONU, recorre toda África para cantar ante millones de personas que sufren.

Míriam Makeba, leyenda viviente, cuya música siempre acompañó al movimiento de lucha contra el Apartheid, se vio obligada a exiliarse después de su apasionado discurso anti-apartheid en 1963 ante las Naciones Unidas, para continuar su carrera lejos de su país natal.

Así ha cantado en el mundo entero y ante personalidades famosas. Ello le granjeó grandes simpatías y el derecho a poseer la ciudadanía de numerosas naciones de África y otros continentes, entre ellas la cubana. Hecho que quizás no conozcan muchos miembros de nuestra más joven generación, pero que demuestra nuestra admiración y respeto por esta gran mujer.

Mamá África dice sentirse muy feliz porque cuando regresó del exilio de tres décadas a su tierra algunos decían: “Los viejitos están de regreso”, sin embargo, esos jóvenes cantaban sus canciones y ve con placer cómo la juventud sigue apegada a la música africana pese a lo que oyen por la radio; pues, según ella, cuando escucha esas emisoras no sabe si está en África o en California.

Durante la década de los 50, siendo una de las mayores figuras del jazz en Sudáfrica, decidió irse a los Estados Unidos donde cantó, entre otros, con su especial amigo Harry Belafonte, Paul Simon y Nina Simone. Su mundialmente famosa canción Pata Pata, verdadero suceso internacional en 1967, se convirtió en la primera canción africana que alcanzaba los primeros lugares de los rankings de música pop. Y hasta nuestros días se siguen escuchando versiones por nuevas generaciones de cantantes en todas las latitudes.

La preocupación de esta artista de calibre internacional por los derechos humanos y la justicia social le han valido grandes honores y reconocimientos como líder humanitaria en todo el mundo. Cuando regresó a Sudáfrica, en 1990, Nelson Mandela y otros líderes del movimiento anti-apartheid le rindieron tributo por sus luchas en el exilio. La legendaria Mamá África, Embajadora de la FAO, dedicó la canción Masakahane a la organización, y ha participado en diversos acontecimientos y espectáculos organizados por esta, como son los conciertos de TeleFood celebrados en varios países

Homeland (Patria), uno de sus discos, es una verdadera joya, nominado para un Grammy como Mejor Álbum de Música del Mundo, marca el triunfal retorno de una de las grandes figuras musicales del mundo quien ahora realiza su última gira internacional por 52 naciones, antes de retirarse del mundo del espectáculo, y volverá a encontrarse con sus también conciudadanos de Cuba.

La Biblioteca Nacional José Martí


EL 18 de octubre de 1901, por una Orden Militar del gobierno interventor norteamericano, se fundó en la ciudad de La Habana la Biblioteca Nacional. Dicha Orden también designó a su primer director Don Domingo Figarola Caneda, quien donó los tres mil primeros volúmenes.

A propuesta del sabio cubano Dr. Fernando Ortiz esta institución cultural fue nominada José Martí, en el año 1949, siendo este uno de los acontecimientos que como homenaje se le rendirían al Apóstol en ocasión de su centenario. El 12 de junio de 1957, se inauguró el majestuoso inmueble que ocupa en la actualidad

Debido las condiciones adversas imperantes en aquel momento y en los años de la pseudo república, la institución tuvo un lento desarrollo; pero a partir de 1959 se le ha permitido cumplir su función de institución responsabilizada con la custodia del patrimonio bibliográfico nacional, además de las otras importantes funciones que se les asignan a este tipo de biblioteca a escala internacional.

La edificación que le sirve de sede posee excelentes cualidades para la realización de su función socio cultural. Se encuentra ubicada en la céntrica Plaza de la Revolución, mirando hacia la monumental escultura del héroe nacional José Martí. Es la más grande de todas las bibliotecas del país.

Tiene a su cargo la dirección metodológica del Sistema de Bibliotecas Públicas del país, asume la orientación técnica del Programa Nacional por la Lectura y atesora el Archivo Central del Ministerio de Cultura. Institución clave en el universo cultural cubano, atesora el patrimonio documental y bibliográfico de nuestra nación. Ella actuar como centro de promoción cultural para toda la comunidad además de brindar servicios de información y referencia, tanto humanista como científica, a la población en general.

La Biblioteca Nacional con sus más de cien años de existencia adquiere constantemente un gran relieve porque sus colecciones, como primer centro bibliográfico de la nación, no dejan de crecer en extensión y en profundidad, en correspondencia con la larga tradición cultural del país.

La Biblioteca Nacional José Martí atesora aproximadamente dos millones y medio de documentos fechados entre los siglos XIV y XX. Sus fondos incorporan cerca de 14 mil piezas entre libros y folletos correspondientes a los siglos XVIII al XX, más de 2 mil ejemplares impresos entre los siglos XV y XVIII, más de 25 mil piezas en la mapoteca, 11 mil títulos de afiches cubanos y más de cien mil fotografías.

Es la Biblioteca Nacional José martí, lugar de obligada visita para aquellos que se interesan por el mundo de la investigación bibliográfica. Si usted es uno de ellos, ya sabe que sus puertas están abiertas para recibirlo y ofrecerle el inmenso tesoro del saber que sus paredes guardan.

martes, septiembre 27, 2005

Teatro Terry, Monumento Nacional


El Teatro Tomás Terry de la Ciudad de Cienfuegos, declarado Monumento Nacional en 1978, es considerado una verdadera joya arquitectónica y a la vez es el símbolo cultural de la ciudad.

De origen venezolano, Tomás Terry Adams, se estableció en Cienfuegos aproximadamente en 1830. Talentoso negociante, llegó a convertirse en un enorme acaudalado. Tras su fallecimiento en París, sus herederos decidieron hacer realidad el sueño cultural de su padre, y crearon una Sociedad Civil para la construcción de un teatro en la ciudad, el cual fue fundado en 1890, como resultado del florecimiento en la vida cultural cienfueguera.

Diseñado por el ingeniero Lino Sánchez Mármol, este majestuoso coliseo, una de las edificaciones más antiguas de la llamada Perla del Sur, se yergue frente a su original Parque Central.

Durante todo el año, desde siempre, se presenta en sus tablas lo mejor del arte teatral local y nacional, con gran presencia de artistas extranjeros: Enrico Carusso, Titta Rufo, Sarah Bernarhd, Ernesto Lecuona, Rita Montaner, Bola de Nieve, Alicia Alonso y el Ballet Nacional de Cuba, La Opera Nacional de Cuba, Frank Fernández, Rosita Fornés, Antonio Gades, Joan Manuel Serrat, Ana Belén, Víctor Manuel, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, y muchos otros han subido a su escenario.

Este Monumento, es del tipo llamado Teatro a la Italiana, con su sala en forma de herradura y el público situado en cuatro niveles; pero siempre en relación frontal con el escenario.

En cuanto a su diseño, se ajusta al neoclasicismo cubano; con la persianería francesa, el art nouveau, los remates egipcios, las pinturas de Camilo Salaya y los muebles norteamericanos, que nos ofrecen un eclecticismo muy característico de la isla. Justo frente a la platea se levanta la embocadura del escenario, trabajada a relieve con mucho dorado al estilo del Rococó francés. El tablado tiene una ligera pendiente hacia el público que propicia mejor visibilidad y acentúa la ilusión de perspectiva del espectáculo y la escenografía. El proscenio se proyecta hacia el lunetario dejando el espacio para la orquesta acompañante.

Como un verdadero templo de las artes, el majestuoso Teatro Tomás Terry contribuye cotidianamente al esparcimiento y enriquecimiento espiritual de los cienfuegueros y los visitantes que aman la cultura y el arte teatral.

miércoles, septiembre 21, 2005

La Marina Hemingway

Por la costa norte de La Habana, al oeste de la elegante barriada de Miramar, a la entrada de la popular playa de Jaimanitas, se encuentra la Marina Hemingway. A pesar de llevar el nombre del famoso narrador norteamericano Ernest Hemingway, este lugar tiene poco que ver con el quehacer del estadounidense.

Allí se haya varios de los más conocidos restaurantes del oeste de la ciudad y un moderno centro comercial que la convierten en un atractivo centro para los visitantes que llegan buscando un rinconcito agradable en el cual relajarse y huir de la dinámica de las ciudades.

Muchos propietarios de yates y bellas embarcaciones atracan durante todo el año en uno de sus cuatro anchos canales paralelos. Y ahí pasan días de esparcimiento, descanso y disfrute del mundo marino.

Es esta, además, una de las pocas zonas de La Habana donde se ofrece submarinismo y opciones múltiples para practicar cualquier clase de actividades acuáticas, porque cuenta con un centro de buceo y dos excelentes puntos de inmersión en mar abierto para el buceo en barreras coralinas.

Marina Hemingway figura como una especie de centro insignia en ese prometedor sector de las actividades náuticas, conocida a nivel internacional por su papel de organizadora de eventos de renombre, entre los cuales figuran regatas y torneos de pesca como el que lleva el nombre del novelista estadounidense y que se realiza cada año dedicado a la captura de la aguja, con una presencia foránea que crece de edición en edición. También están el Blue Marlin, en el mes de septiembre, y el del Peto o Wahoo, en el mes de noviembre.

La Marina Hemingway es asimismo un puerto ineludible para regatas internacionales, al devenir punto de escala técnica en esos periplos hacia otras latitudes del área acuática. El acceso a la Marina es muy fácil, se puede realizar las reservaciones con antelación, y en el caso los inesperados basta hacer una señal de aviso por el canal 16 de VHF, sistema utilizado en los servicios marítimos internacionales, es suficiente para garantizar un espacio.

La instalación garantiza los servicios básicos indispensables (agua potable, electricidad, combustible, comunicaciones y televisión por cable), aunque también existe la infraestructura capaz de acoger a los vacacionistas en hospedajes para los gustos más exigentes.Y para los que disfrutan de las travesías por el área, la Marina Hemingway está siempre lista para recibirlos en caso de imprevistos, con un taller náutico en condiciones de asumir la reparación de las naves.

Son famosos el Hotel Acuario, las cabañas con piscina, el Bar Fiesta, La Cova Pizza Nova y el Bar Papa's haciendo del entorno de la Marina Hemingway un sitio perfecto para los amantes de la náutica, rodeados de mar, privacidad y el mejor servicio.

jueves, septiembre 15, 2005

El Teatro La Caridad de Santa Clara

Marta Abreu, considerada la mayor benefactora de la ciudad de Santa Clara, quien con sus donativos propició su desarrollo, fue quien tuvo la idea de construir el Teatro La Caridad.

A través de su esposo, Don Luis Estévez Romero propuso al Ayuntamiento de Santa Clara, el 22 de noviembre de 1883, la adquisición de unos terrenos situados en lo más céntrico de la ciudad a fin de construir allí el teatro.

Ese mismo año, el 28 de diciembre, fue aceptada la proposición y en pocos meses, el 28 de junio de 1884, se dio inicio a la construcción del coliseo, bajo la dirección y asesoramiento del ingeniero Herminio C. Leyva, un excelente amigo de la familia Estévez Abreu.

El Teatro La Caridad es un exponente casi exclusivo de la arquitectura de este tipo de instalaciones correspondiente al siglo XIX en la isla. Su edificación es una de las más significativas de la ciudad de Santa Clara, aún en nuestros tiempos.

El Teatro La Caridad fue construido en el solar donde antes estuvo ubicada la Ermita de La Candelaria. Este ocupa una manzana y tiene además anchos accesos laterales. Esta edificación incluso logró sobresalir y destacarse más que la iglesia, el ayuntamiento y las sociedades políticas y de recreo existentes en el centro de Santa Clara cuando se le construyó.

El diseño escenográfico, los telones de boca y los de entreacto estuvieron a cargo del escenográfo español Miguel Arias. La decoración en relieve en la embocadura, semejante a la del teatro Lineo de París, y un grupo escultórico para la fachada, que se destruyó más tarde, fueron realizados por el maestro Fernando Bossi.

Camilo Selaya, pintor filipino que residía en Cuba, fue quien llevó a cabo la decoración del cielo raso del teatro y colocó además los ocho medallones con los retratos de Ayala, Tirso de Molina, Calderón, Moratin, Alarcón, Echegaray, Hartzenbuzch y Gertrudis Gómez de Avellaneda, respectivamente. Junto a todo ello reprodujo también escenas de la tragedia y la comedia tomadas de diferentes obras famosas.

El teatro La Caridad quedó inaugurado la noche del 8 de septiembre de 1885 con un extenso programa de festejos y la representación del drama Los Lazos de familia, de Luis Mariano de Lana.

En su creación, tuvo mucho peso el objetivo de socorrer a los pobres con las recaudaciones obtenidas de sus funciones de ahí el nombre de la instalación, que guarda relación con todo lo dispuesto por Marta Abreu, quién señaló que sus recaudaciones fueran utilizadas en obras de caridad pública.

El esplendor inicial de la sala duró poco porque la mala dirección y administración de Patronos del asilo de ancianos San Pedro y Santa Rosalía y del teatro La Caridad, condujeron a su deterioro y las posteriores reformas que provocaron alteraciones en su aspecto original en detrimento de su grandiosidad.

En 1964, tras un exhaustivo proceso de restauración, el teatro La Caridad recuperó su forma original. Esta restauración incluyó la restitución total del piso de madera de la platea, la reinstalación de los palcos que habían sido destruidos para ubicar gradas de cemento con lunetas y el retoque de las pinturas del cielo raso de la sala.

El Teatro La Caridad es uno de los más famosos de Cuba y ha tenido el privilegio de recibir en su escenario a grandes figuras del arte mundial, entre ellos el gran tenor italiano Enrico Caruso. Es Monumento Nacional y sede de la Compañía Danza Abierta, de la Orquesta Sinfónica Provincial y de la Banda de Conciertos de Santa Clara.

domingo, septiembre 11, 2005

El Cine Cubano




El Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) nació en el año 1959, fruto de la primera ley cultural de la Revolución Cubana y desde ese momento comenzó a verse en las pantallas una nueva imagen de la sociedad cubana, pasando por la óptica de jóvenes cineastas, quienes encuentran las condiciones para desarrollar un verdadero cine nacional.

Cuba tuvo desde entonces, por vez primera, una verdadera industria cinematográfica, en la que se comenzó a crear un cine autémtico, con vocación social, el cual contaba con un amplio financiamiento y un notable apoyo estatal.

Se crean así obras antológicas como Memorias del Subdesarrollo, La muerte de un burócrata o Lucía; que rompen esquemas y proponen una nueva manera de vernos y asumirnos con orgullo, como parte que somos de un continente pródigo en aportar talentos al mundo. En un mundo donde el mercado y la obtención de grandes ganancias rigen la distribución y la producción de las grandes empresas cinematográficas, hacer un cine de carácter nacional y auténtico es un verdadero reto.


La Cinemateca de Cuba, creada por el ICAIC, nació el 6 de febrero de 1960. Esta es la única de su tipo en el Caribe y una de las más importantes de América Latina. Antes de la creación del ICAIC hubo varios cineclubes, algunos muy activos. Uno de ellos se llamó así: Cinemateca de Cuba, aunque no poseía una colección de cine, lo que caracteriza y define a un verdadero archivo fílmico. Recibían películas a préstamo, las exhibían y comentaban. En ocasiones sus actividades alcanzaban eco en la prensa nacional de la época.

Antes de 1959 algunas compañías eran creadas para hacer una película, o dos, y luego desaparecían. Sus huellas quedaban solamente en descuidados almacenes y hemerotecas, así como en la esperanzada vivencia de sus protagonistas.
También dejaban un elemento favorable: los conocimientos técnicos y la ansiedad de poseer, alguna vez, una industria fílmica realmente cubana, que respondiera a la ansiedad de sus creadores y a la avidez de un público cada vez más cinéfilo.

El volumen patrimonial de la Cinemateca de Cuba supera actualmente las 80 mil bobinas, todo un valioso archivo histórico fílmico. En sus bóvedas, junto a la producción nacional, se hallan una significativa colección latinoamericana e internacional minuciosamente organizada, clasificada y bien cuidada.

Desde 1979, cada diciembre, se celebra el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, al que han asistido figuras tales como Arnold Schwarzeneiger, Maritza Paredes, Robert Redford, Coppola, Harry Belafonte, Geraldine Chaplin, Costa Gavras, los hermanos Coen, Terry Gilliam, Victoria Abril, Almodóvar y muchos otros grandes actores y directores del cine internacional.

La clave de su persistencia, aún en los años más álgidos de la crisis económica, se debe a su poder de convocatoria y al interés de no renunciar por nada a un evento de tanta importancia para la cultura nacional y continental.

El festival, junto a la labor durante años del ICAIC, devino plaza fuerte del cine latinoamericano, ha posibilitado una entrañable relación y el conocimiento del público cubano sobre las cinematografías continental, francesa, italiana, británica, irlandesa, japonesa, china y de otras latitudes. El público cubano, reconocido como conocedor y respetuoso por los artífices que presentan sus obras, es también considerado infalible termómetro para comprobar si un filme logra el supremo don de la comunicación.

Y aunque no vienen constelaciones de estrellas, aunque el festival de La Habana no tiene el glamour ni el despliegue lujoso e informativo de otros, tiene y ha tenido algo en sus veinte años que opaca a todo brillo superfluo: espacio para el cine verdadero, alma para el arte y las ideas, hospitalidad para quienes buscan las esencias, aplausos para aquellos que se comprometen en la búsqueda de los mejor del hombre.

jueves, septiembre 08, 2005

El Alma Máter de La Habana





La Universidad de La Habana se llamó "Real y Pontificia Universidad de San Gerónimo de la Habana" durante más de un siglo, pues las universidades eran fundadas en aquella época (1721) por la autorización real, o por la papal.

Los frailes de la Orden de Predicadores de Santo Domingo fueron los fundadores de esta universidad, quienes solicitaron autorización para abrir estudios universitarios en su convento. Recibieron el permiso del Papa Inocencio XIII y del rey Felipe V de Borbón; y se creó el 21 de septiembre de 1721 siendo así la XVI de América Latina y la tercera en el Caribe.

Originalmente estaba ubicada en el Convento e Iglesia de Santo Domingo o de San Juan de Letrán, en la Habana Vieja, en el mismo centro político, económico y religioso de la ciudad.

Allí, en la Real y Pontificia Universidad de La Habana, se formaron nuestros primeros científicos, literatos e ideólogos: Tomás Romay, José Antonio Saco, José María Heredia, Cirilo Villaverde, Rafael María de Mendive, Carlos Manuel de Céspedes, y otras figuras relevantes.

El primero de mayo de 1902 se trasladó para su actual emplazamiento, en la llamada Colina de Aróstegui, del Vedado. Es un imponente complejo de edificios de estilos neoclásico y clásico griego.

El día 28 de Octubre de 1906 se inició la construcción de su Aula Magna, la cual se concluyó el 1ro de Octubre de 1911.

El edificio está decorado en su interior con obras del pintor cubano Armando Menocal y Menocal: siete grandes frescos que representan la Medicina, las Ciencias, las Bellas Artes, el Pensamiento, las Artes Liberales, las Letras y el Derecho. Cuatro lemas en latín, inscritos con letras doradas a ambos lados del escudo nacional que preside el Aula Magna, completan su decoración

En 1927 se colocó la estatua del Alma Máter en su recién iniciada escalinata, obra realizada en 1919 por el escultor checo radicado en Cuba Mario Korbel, fundida en bronce e instalada sobre un pedestal de piedra y cemento.

El artista se inspiró en dos modelos para esculpirla: de la más joven tomó el rostro, la cabeza y el cuello, de la otra copió el cuerpo. En los costados del trono de bronce en que aparece sentada, grabó en bajorrelieve figuras alusivas a las artes y las ciencias que se enseñaban en la Universidad de La Habana.

La escalinata universitaria, inaugurada el 17 de enero de 1928, tiene 88 escalones y 4 tramos de descanso

Ante esta colosal escalinata se encuentra el monumento a Julio Antonio Mella, líder estudiantil que fue asesinado en 1929 por orden del dictador Machado en la Ciudad de México.

miércoles, septiembre 07, 2005

El Cacahual




Hacia el suroeste de la ciudad, cerca de Santiago de las Vegas, se encuentra la finca El Cacahual, uno de los lugares más solemnes de Cuba.

Digo esto de la solemnidad porque es allí donde se encuentran los restos del prócer de la Independencia cubana, el Lugarteniente General Antonio Maceo y su ayudante el Capitán Francisco Gómez Toro.

Ambos cayeron en combate luchando contra las tropas enemigas españolas en la acción de San Pedro, en lo que es el actual municipio de Bauta,no muy lejos de El Cacahual donde ahora existe un complejo monumentario que sirve de tumba a los restos de ambos.

Maceo era natural de la provincia de Oriente y sus restos descansan bajo esos mármoles. Su heroica caída se produjo el siete de diciembre de 1896. Nuestra nación sufrió un terrible golpe cuando el Titán de Bronce y su Ayudante fueron sorprendidos por las tropas españolas.

A principios del pasado siglo se levantó allí un monumento el cual ha ido recibiendo transformaciones hasta llegar a tener su actual configuración.
Por su significación histórica a El Cacahual se le confirió la condición de Monumento Nacional.

El siete de diciembre fue declarado como día de duelo nacional y día de los mártires de la patria. Cada año se congrega una gran cantidad de personas para rendir tributo a los dos héroes que allí descansan. Y allí, en la amplísima explanada de El Cacahual se han efectuado diversos desfiles y otras actividades como homenaje del pueblo cubano al relevante patriota que se destacó tanto por su genialidad y bravura en los combates.

José Martí nació en La Habana y murió en Oriente, donde descansa. Claro, hay muchos otros grandes titanes en las páginas de la historia de Cuba, así como Ignacio Agramonte natural de Camagüey cuyos restos las tropas contrarias (españolas) esparcieron por los campos de Cuba para que nunca se pudiera enterrar. Irónicamente, eso era lo que Agramonte había pedido que se hiciera con sus restos. El Generalísimo Máximo Gómez, a quien Cuba debe tanto, natural de la República Dominicana descansa en el Cementerio de Colón en La Habana. Calixto García de la ciudad de Holguín, Oriente, es el único extranjero que ha recibido un funeral con los honores de general en los Estados Unidos, donde descansa. Y muchos, muchos, más.

lunes, septiembre 05, 2005

Autos antiguos, un museo muy original






Algo que siempre llama la atención a los visitantes cuando pasean por las calles de nuestra ciudad es el llamado “museo rodante”. Todos se sorprenden al contemplar este singular y espontáneo “museo”, resultado del ingenio y la capacidad creativa del cubano.

Numerosos autos de diferentes fábricas norteamericanas como los Ford, General Motor y Chrysler, de las décadas del 40 y el 50, se pueden encontrar doblando por cualquier esquina o detenidos ante un semáforo o sirviéndonos de taxi a nosotros mismos.

Su variedad es enorme: Cadillac convertible, Ford estándar, Edstel, Ford de luxe, Mercury, Cadillac de luxe, Buick de luxe, Cadillac dorado, Chevrolet estándar, Chevrolet de luxe, Pontiac, Chrysler imperial, Chrysler de luxe y estándar, de Soto, Dodge, Kaiser, Henry J, Houdson, Odsmobile y Plymouth.

Estos autos están excelentemente conservados y son casi el 10% de los que actualmente ruedan por las calles de la isla.

Importantes coleccionistas privados han venido a Cuba con el propósito de adquirir autos antiguos, muchos fotógrafos de renombre también vienen en busca de material casi insólito para la creación de sus imágenes artísticas.

Igualmente prestigiosas cadenas televisoras han dedicado espacio para reportajes sobre la genial conservación de esos autos en manos de los cubanos, quienes han creado durante cuatro décadas una ingeniería mecánica capaz de adaptar piezas rusas y de todo tipo a motores de fabricación norteamericana.

Pero más que ese museo rodante, en la ciudad existe un auténtico museo de autos antiguos, con un carácter más histórico y solemne, organizado, con su exposición y sus fondos permanentes, que puede ser visitado en la calle Oficios de La Habana Vieja.

Su exhibición abarca desde los primeros coches tirados por caballos, pasando por los traídos a principios del pasado siglo, así como los coches del cuerpo de bomberos, hasta una colección de tractores y motores de vapor.

Vale señalar que en Cuba existen varios proyectos de Autos Históricos, sobre todo en Ciudad de La Habana, Pinar del Río, Santiago de Cuba, y Matanzas.


Esas entidades no tienen carácter lucrativo y se les denomina Escuderías de Autos Históricos, registradas por la Federación de Automovilismo y Kartismo de Cuba como una modalidad deportiva más.

Las escuderías realizan reuniones periódicas con la finalidad de incrementar las posibilidades expositivas promocionales y competitivas en las diferentes modalidades, según las marcas, originalidad, confort, antigüedad y otros detalles de los autos.


También auspician competencias de mejor parqueo, mejor marcha atrás, mejor frenaje, mejor presentable y motor más reluciente, entre otras ideas que ayudan al incentivo de los participantes.

Los patrocinadores, encargados de otorgar los premios, son determinantes en el éxito de las actividades.

En la actualidad las mejores muestras expositivas se originan en La Habana, en áreas aledañas al hotel Comodoro, con la Escudería "La Macorina", en honor a la primera mujer que condujo un auto en Cuba y en el hotel Meliá Cohiba con la Escudería Club del Automóvil.
Las escuderías colaboran apoyando promocionalmente las competencias de karting y motociclismo así como las actividades populares, en el Malecón Habanero y la Plaza de la Revolución entre otros sitios atractivos de la capital.

Existe, además, una agencia de coches de alquiler con sólo carros antiguos, exclusivos, que hacen un verdadero viaje en el tiempo.

sábado, septiembre 03, 2005

El Cristo de La Habana




A la izquierda, cuando se entra al puerto de La Habana, se levanta, majestuosa, una colosal estatua conocida como El Cristo de La Habana, monumento que forma parte del conjunto arquitectónico que caracteriza la entrada del antiguo puerto de Carenas. La blanquísima imagen de mármol de Carrara contrasta, ante nuestros ojos, con el gris antiguo de sus vecinas las fortalezas de Los Tres Reyes del Morro, San Salvador de la Punta y San Carlos de la Cabaña.

El monumento fue construido en Italia, obra de la escultora cubana Jilma Madera, y se inauguró el 25 de diciembre de 1958. Su altura es de veinte metros sobre la base que mide tres metros, está compuesta por 67 piezas y pesa 320 toneladas.

Teniendo en cuenta el área sobre el pináculo de la colina donde esta se yergue, podemos decir entonces que su altura está a 51 metros sobre el nivel del mar, hecho que posibilita ver al Cristo de La Habana desde muchos puntos de la ciudad. También desde allí se puede disfrutar de una de las más hermosas e imponentes vistas de la ciudad de La Habana, sobre todo de su parte más vieja, así como el paso de buques de gran porte pero también de las pequeñas lanchas de pasajeros que transportan a los vecinos a ambos lados de la Bahía.

La figura del Nazareno está de pie, con una mano en el pecho y la otra en alto, mirando hacia la ciudad, como si bendijera a sus moradores.

Al decir de un colega, cuando se aprecia esa imagen blanca, nos parece estar observando una deidad que desde su altura mira el destino de los hombres, de aquellos que navegan en las protegidas aguas de esta gran rada habanera y que fuera lugar seguro para huir de los ataques de corsarios y piratas.

El poblado de Casablanca, donde realmente está enclavada la estatua, y que otrora fuese un pueblo esencialmente de pescadores, ayuda a crear una atmósfera de quietud en el entorno, dada por la tranquilidad de sus habitantes, sabedores de que la naturaleza del lugar lo ha dotado de una colina desde donde puede admirarse lo más bello de la capital.

Carismático y enérgico a la vez, este Cristo es admirado por muchos, debido al detalle de su rostro desafiante. Pero el Cristo de la Habana ya no está solo en sus andares de protector de nuestra bahía, al otro lado bordeando el malecón, se encuentra el dios de los mares, el Poseidón griego o el Neptuno romano. Pero vale destacar que esta otra imagen nunca llega a la grandeza y las dimensiones colosales del Cristo.

jueves, septiembre 01, 2005

Cabaret Copa Room del Hotel Riviera





Para mi amiga Ileana
Una noche muy especial de este álgido verano recordé mucho a una excelente amiga, más bien una hermana, a quien mucho quiero a pesar de que la distancia hace de las suyas entre nosotros. Ella siempre ha sentido una predilección muy significa por disfrutar de las noches del Cabaret Copa Room de La Habana. Por ello su recuerdo es como un rito mental obligatorio cada vez que lo visito.
El fabuloso Cabaret Copa Room posee una esmerada decoración en el más puro estilo de los años 50 donde la combinación de luces y espacio crean una atmósfera única en las noches de la ciudad de La Habana.
Este confortable cabaret se caracteriza por la jovialidad de todos los que allí nos ofrecen el servicio, el local tiene 300 capacidades dispuestas en mesas ubicadas en forma escalonada, y todas las noches nos espera un rutilante espectáculo con las más bellas modelos y los más armónicos músicos de la noche habanera.
En nuestra última y muy divertida visita disfrutamos de un espectáculo titulado “A lo Riviera”, una creación del maestro coreógrafo Tomás Morales.
Todo es una verdadera fiesta de cubanía donde se coloca en primer plano lo mejor de la cultura nacional. El tiempo transcurre entre hermosos cuadros, bellas interpretaciones musicales y la fantasía danzaria que se apodera de la pista, una de las más modernas de La Habana por sus excelentes condiciones técnicas.
La coctelería de la casa se hace cómplice de la noche y es como una especie de complemento del espectáculo multicolor y de la música criolla: Cuba bella, Daiquiri, Bello Monte, Mojito…
El Cabaret Copa Room está enclavado dentro del elegante Hotel Havana Riviera, en la zona oeste de la ciudad, en un privilegiado lugar mirando al mar.
Para los amantes de los bailes con orquestas en vivo, el Cabaret Copa Room es también el sitio ideal, porque siempre tiene las mejores orquestas para hacer las delicias de los bailadores, sobre todo para aquellos que gustan de la Salsa y el Cha cha cha.

martes, agosto 30, 2005

El Museo de la ciudad, Palacio de los Capitanes Generales




Con su amplio portal coronado por diez columnas de piedra gris formando nueve arcos irregulares en sus intermedios, se presenta majestuosamente en el lateral oeste de la Plaza de Armas, el antiguo Palacio de los Capitanes Generales, que acoge al Museo de la Ciudad de La Habana, desde 1968, donde sus colecciones reflejan el panorama histórico de la urbe, desde su fundación hasta el presente.

El coronel de ingenieros Antonio Fernández de Trevejos y Zaldívar trazó los planos de este palacio. Su construcción se inició en 1776 y se concluyó en 1791.

Don Luis de Las Casas fue el primer Capitán General español en instalar allí su residencia, él se trasladó a esta edificación en 1790 cuando aún no se había concluido totalmente la edificación.

Este Palacio fue restaurado y ampliado posteriormente con una portada de mármol de Carrara que adorna la entrada principal y sobre la cual se encuentra la Corona Real española con el escudo guarnecido por el collar de la Orden Caballeresca del Toisón de Oro.

El área del Palacio la constituye un cuadrilátero de 80 varas exteriores con 22 de alto; cuenta con una espaciosa azotea y con un patio central muy hermoso.

En su patio central, donde se pasean los pavos reales, puede apreciarse un monumento del almirante Cristóbal Colón, cortejado por palmas reales y otros arbustos entre los que se destaca una sinuosa yagruma. La estatua y su pedestal son de mármol. La estatua, creada por el escultor J. Cuccchiari, fue traída de Italia.

En uno de los laterales del soleado patio se encuentra una placa que constituye el monumento funerario más antiguo existente en Cuba, e igualmente se localiza otra placa con un poema de Ángel Augier dedicado al patio del Palacio Municipal, obra que resultó premiada en un concurso convocado por el municipio de La Habana en 1937.

Además, en este patio se puede leer una frase de José Martí en la que se señala: “Esa es la raíz, y esa es la sal de la libertad: el municipio”.
Durante poco más de un siglo, hasta el año1898, el Palacio fue la Casa de Gobierno donde radicaron los máximos representantes de la metrópoli española en la colonia.

Igualmente, vale recordar que entre 1899 y 1902 fue sede del Gobierno Interventor norteamericano y luego, desde el 20 de mayo de 1902 hasta 1920, fue Palacio Presidencial. Por último se utilizó como sede de la Alcaldía y Oficina del municipio de La Habana.

En la actualidad en sus salas pueden ser apreciadas valiosísimas piezas de museo que marcaron diferentes épocas, entre ellas el salón con un trono real que fuera diseñado y decorado para ser ocupado por su majestad, la reina de España, cuando visitase su colonia, hecho que nunca sucedió.

Este palacio unido a su entorno, que incluye la Plaza de Armas y El Templete, conforma uno de los conjuntos arquitectónicos más impresionantes del casco histórico de la ciudad.

El Museo de la ciudad, Palacio de los Capitanes Generales

domingo, agosto 28, 2005

Alguien con un temperamento natural, intuitivo, irrepetible en la memoria musical cubana




Hoy quiero recordar a alguien a quien mucho quise y de quien conservo con gran orgullo su último disco autografiado (Para mi Negro de Oro) cariñosamente como sólo ella sabía hacerlo: Moraima Secada, conocida por todos sus admiradores como "La Mora".

Esta temperamental cantante creó un estilo muy especial de interpretación dentro del movimiento de la canción cubana llamado feeling (filin) y llegó a ocupar un lugar destacado en la historia de la música popular cubana por su peculiar estilo caracterizado por la emotividad y la entrega ilimitada.

Nació en Santa Clara el 10 de septiembre de 1930, en el centro de la isla, en la antigua provincia de Las Villas e inició su carrera artística en los años 50.

Moraima Micaela Secada Ramos se inició cantando en la primera orquesta femenina de América, Las Anacaonas, con quienes realizó varias giras internacionales. También estuvo en la nómina de famosos grupos vocales. Formó parte del antológico Cuarteto Los Meme. Luego entró al incomparable e irrepetible Cuarteto D'Aida en el que juntó su voz a la de otras excelentes cantantes: Elena Burke, Omara y Haydée Portuondo que, como ella, hicieron época en la música popular cubana.

A partir de la década de los sesenta comenzó una notable labor como solista, interpretando un repertorio de canciones románticas, especialmente en el estilo feeling, del cual fue una de sus primeras cultivadoras. Canciones como Alivio, Perdóname conciencia, Depende de ti, Ese que está allí marcaron el cancionero romántico cubano con su excepcional interpretación llenando un lugar muy alto en el hacer de los géneros sentimentales.

“La Negrita”, como cariñosamente le llamaban sus familiares y más allegados, actuó en radio, televisión, teatro, grabó numerosos discos. Y ya como solista realizó giras por diversos países en los que hizo crecer notoriamente el número de sus admiradores. Su voz y su presencia colmaban las pistas más exigentes de las noches cubanas y los más “calientes” escenarios de Cuba y del mundo.

Fue La Mora una artista muy vinculada a su pueblo. En una oportunidad al hacer referencia a su interrelación con el público ella afirmó: “No me quejo del pueblo, de ese pueblo del que guardo momentos, recuerdos tan agradables. Y lo respeto mucho.” Era una artista de plena raigambre popular.

La Mora fue una de esas artistas que dejan huellas indelebles en la gente, con su temperamento natural, intuitivo, irrepetible. No tuvo comparación con figuras de su tiempo ni tampoco después. Oírla interpretar una canción era tenerla entre nuestras favoritas. ¡Tal era su fuerza!

Ella es sin duda una de esas figuras del cancionero cubano, de quien se puede decir sin temor a entrar en las frases retóricas, que tenía un estilo rotundamente singular. No sabía cantar las canciones que no pasaban por el desfiladero de sus sentimientos y potenciaba al cantar sus pasiones con un expresionismo sin límites. Su fuerte temperamento era palpable incluso en su manera de hacer el diálogo habitual y cotidiano.

El Pico Blanco del Hotel Saint Johnns, el cabaret Caribe del Habana Libre, El Gato Tuerto, fueron sitios donde la Mora reinaba, pero el Salón Rojo del Hotel Capri, fue una de sus más fuertes plazas en la capital cubana. Era como su segunda casa. Hasta tal punto que a finales de 1976, cuando su esposo -el compositor Chany Chelacy- murió en un accidente aéreo provocado cerca de Barbados, ella no dejó de acudir a su cita después de medianoche, en ese importante cabaret.

Contaba Marta Denis, directora artística por esas fechas, que la primera vez que actuó después de la muerte de Chany, todos, desde el público hasta el portero, estaban muy preocupados por lo que pudiera pasar siendo Moraima tan sentimental. Sin embargo se le vio cantar con el rostro duro, como enfadada con la vida y al terminar echó un largo suspiro. Fue entonces que Marta la ayudó a bajar del escenario y la invitó a su mesa, donde ella pidió ron y cerveza y los tomaba simultáneamente.

Mientras ella hablaba se le cayó la pestaña postiza del ojo izquierdo en la cerveza. En cuanto pudo, Marta se lo dijo sabiendo que la Mora no había mirado para el vaso y ella, alargando las palabras, le repuso: "Ya me la tomé, y como no me gustan los números impares, mira lo qué voy a hacer." Se arrancó la pestaña postiza del ojo derecho, la tiró al vaso de ron y se lo bebió todo de un golpe.

Así de especial era esta mujer. Son muchas las anécdotas que el pueblo repite sobre su proceder, su chispa criolla, y no dejamos de recordarla con ese cariño auténtico y sincero que sólo cosechan aquellos que nunca desprenden sus raíces del pueblo, de su gente.

Se nos fue la Mora el 30 de diciembre de 1984 víctima de una enfermedad hepática en la ciudad de La Habana.

sábado, agosto 27, 2005

El Castillo de los Tres Reyes del Morro y su legendario faro




Siguiendo los planos del ingeniero militar Bautista Antonelli, y con el apoyo del gobernador Juan de Tejeda, la fortaleza de Los Tres Reyes Magos se construyó entre 1589 y 1610 aproximadamente. Esto se llevó a cabo sobre la roca a la que llamaban Morro en el lado este de la entrada a la bahía de La Habana.

Su objetivo era proteger a la ciudad de los numerosos ataques de corsarios y piratas franceses, holandeses e ingleses que en la época padecía, y por ello esta fortaleza estaba armada con artillería pesada, entre otras con una batería de 12 cañones con el nombre de los 12 apóstoles, y fue considerada inexpugnable durante más de cien años.

Tras dos meses de resistencia, en 1762, durante la invasión de los ingleses para apoderarse de La Habana, el Morro no soportó el asedio y dejó de ser un bastión inexpugnable de la corona española. Los ingleses se ubicaron en una colina cercana, donde posteriormente se construyó La Cabaña, y desde allí hicieron fuego además del fuego de artillería de sus naves a unos 200 metros del castillo, hicieron explotar un polvorín, y así consiguieron abrir una brecha en el muro de la fortaleza.

Tras la retirada de los ingleses se comenzó la reconstrucción de la ciudad y del Castillo de los Tres Reyes del Morro, que había quedado muy afectado, junto a las restantes fortalezas, torreones y la muralla, que servían para preservar la defensa de la ciudad colonial; construcciones realizadas por orden del Rey español Felipe II. Formaba este junto con los castillos de La Real Fuerza y San Salvador de la Punta el primer triángulo defensivo de la capital.

Donde hoy se levanta el Morro solían situarse vigías desde el siglo XVI, y hay constancia documental de que el gobernador de La Habana había hecho construir en aquella zona una torre que servía para vigilar la presencia de barcos de corsarios y piratas en las cercanías de la ciudad.


El Morro tiene forma de polígono irregular. Su construcción se ajustó a la superficie de las rocas. Está compuesto por tres baluartes unidos por cortinas y un cuartel general. En la parte más angosta de la punta de los baluartes fue levantado un torreón de unas doce varas de alto, al que llamaban El Morrillo, utilizado como faro y atalaya de vigilancia de las embarcaciones que se avistaban en el mar.


Desde la retirada de los ingleses, quienes destruyeron completamente el torreón-faro, los cañones del Morro han permanecido en silencio. En 1764, se construyó un faro provisional alimentado con leña, y que estaba todavía en servicio cuando en 1795 se acordó el estudio de la construcción de un faro en el Morro tomando como referencia el que se había inaugurado en Cádiz, España.

En 1820 quedó instalado en el Morro un fanal alumbrado con aceite y que, según cálculos, podía ser visto a unas 13 millas náuticas (24 kilómetros). Más tarde, en Francia se adquirió un nuevo fanal que había sido presentado en la Exposición Internacional de París en 1843 y, a partir del 19 de agosto de 1844, se procedió a derribar el viejo faro y se comenzó a construir la nueva torre.

El nuevo faro comenzó a prestar servicio el 24 de julio de 1845. La lámpara alimentada por aceite de colza, el sistema óptico y la altura a que se instaló, le permitieron alcanzar las 18 millas náuticas (33,3 kilómetros). En 1928 el aceite fue sustituido por el gas acetileno y en 1945, se sustituyó el acetileno por la electricidad.En la actualidad el faro del Morro, aquella misma torre y aquel mismo equipo óptico que en 1845 comenzó a prestar servicio, pero dotado de una fuente de luz más potente, posee un alcance luminoso de 25 millas náuticas (46 kilómetros) y continúa orientando a los navegantes que se dirigen al puerto de La Habana y a todos aquellos que, con otro destino, navegan frente a sus costas de noche y sigue siendo, como antes, el símbolo más conocido de Cuba. Está siempre abierto al público y su visita es una experiencia inolvidable.

viernes, agosto 26, 2005

John Lennon descansa en un parque de La Habana


Amigo mío, si alguna vez deseas tomarte una foto junto a uno de los integrantes del mítico cuarteto inglés The Beattles, sin la necesidad de merodear por la casa de Paul McCartney ni llegarte hasta Abbey Road, en el corazón de Londres; en La Habana tenemos una escultura, quizás la primera de América Latina, del inolvidable John Lennon, al tamaño natural.
En un céntrico parque de El Vedado, la imagen en bronce del más controvertido del cuarteto te espera, sentado apaciblemente sobre uno de sus bancos, como cualquier otro ciudadano que descansa a la sombra una tarde de verano mientras contempla a las aves canoras.
La obra fue inaugurada en el mismo lugar donde10 años atrás habían protagonizado un multitudinario concierto homenaje al desaparecido músico inglés, en el que tomaron parte relevantes figuras de la canción cubana actual de gran arraigo juvenil.
El “Beatle sentado” es fruto de la creación del escultor cubano Jose Villa, autor también de varias obras de semejante estilo en otros lugares del país. Él declaró entonces en la inauguración: "Mi propuesta fue homenajear a una personalidad contestataria, cargada de demonios y sueños".
El día de su inauguración, simultáneamente se llevó a cabo un concierto de rock en la Tribuna José Martí, tuvo lugar la proyección del documental Lennon en La Habana, y se efectuó la publicación del libro El Sargento Pimienta vino a Cuba en un Submarino Amarillo.
Junto a la figura que desenfadadamente descansa en el parque hay una placa con su caligrafía que recoge un fragmento de Imagine: "You may say I’m a dreamer but I’m not the only one” (Dirás que soy un soñador, pero no soy el único).
Allí acuden a brindarle sus respetos gente del patio y turistas de todas partes quienes reconocen en Lennon a uno de los grandes de la música universal. Muchos le llevan flores y los hay que acompañados de una guitarra le cantan canciones. Durante una visita que realizara a nuestro país, Sir George Martin, ex productor de The Beatles, este quiso también presenciar la obra-homenaje que rememora al autor de canciones como: Imagine, en la que llama a la unión de todos los pueblos, sin distingo de razas, ni clase social, ni religión: “It isn’t hard to do”

Silvio Rodríguez, nuestro cantautor, en su canción "Cita con Ángeles" menciona la muerte de John Lennon a las puertas del hotel Dakota, en los Estados Unidos.

Es que la música de John Lennon ha estado bien presente entre nosotros, así como su mística en diferentes expresiones artísticas de la Isla, por ello no es casual esta imagen en el parque que lleva su nombre.

Es significativo señalar que a los pocos días de su inauguración, las gafas del músico desaparecieron seguramente en las manos de un fanático. Le fueron colocadas unas gafas nuevas, fijadas al volumen de bronce, y la acción se ha repetido en otras ocasiones, de ahí que en la actualidad se estableció una vigilancia permanente de dos custodios día y noche ante el músico de Liverpool.

miércoles, agosto 24, 2005

Una joya de la arquitectura colonial, la Catedral de La Habana




En el mismísimo corazón de La Habana Vieja, en la zona más antigua de la ciudad, está nuestra Catedral de La Habana, en el área declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 1982.

En 1788, un rico obispo de Salamanca decidió hacer construir una Catedral, dedicada a la santísima Virgen, en el emplazamiento de la pequeña capilla inicial. Los jesuitas hicieron los planos. Una serie de ampliaciones y embellecimientos se llevaron a cabo, de 1802 a 1832, bajo la égida de monseñor Díaz de Espada.


La Catedral tiene 3 naves y 8 capillas laterales. Hasta la independencia de la Isla, la nave central estuvo ocupada por un monumento funerario dedicado a Cristóbal Colón. Pero al final de la colonización, las cenizas de Colón fueron llevadas a Santo Domingo y, de allí, a la Catedral de Sevilla.
El italiano Bianchini tuvo a su cargo las esculturas y los trabajos de orfebrería del altar así como del tabernáculo. Se suman a la decoración pinturas del francés Jean-Baptiste Vermay. En el lugar todos se extasían con su singular arquitectura barroca y su marcado entorno colonial, que nos transporta a siglos atrás.

La fachada de la Catedral sorprende por su color gris oscuro, que se destaca del resto de la plaza como un grabado en blanco y negro. Es considerada “toscana” con sus dos torres de mudas campanas. Su vista nocturna con especial iluminación es todo un deleite.


Las mansiones que rodean la Plaza datan del siglo XVIII: la casa de Lombillo, construida en 1730, el palacio del Marqués de Arcos, de 1741, una de las casas coloniales mejor conservadas de la ciudad. La casa del Conde Bayona, de 1720, donde en la actualidad está el Museo de Arte Colonial, el cual alberga muebles, porcelanas, lámparas y una colección única de vidrieras. A su lado se yergue majestuosa la antigua morada del Marqués de Aguas Claras (1720), que es la casa más hermosa y atractiva del conjunto.


Allí está hoy El Patio lugar que debe su nombre al fresco patio con una fuente de mármol que adorna el centro del palacio. Es un sitio en verdad muy turístico, pero agradable. El primer piso lo ocupa un restaurante desde el que se tiene una espléndida vista de la Catedral y tanto el portal como una amplia zona de la plaza están llenos de mesitas donde, además de degustar la coctelería de la casa, se disfruta de la actuación de grupos musicales.

En las inmediaciones de La Plaza de La Catedral de la Habana está uno de los mercados más grandes de artesanía cubana en estos momentos. Cientos de artesanos y artistas, acuden con el objetivo de exponer y vender sus obras. Allí, entre el bullicio y el movimiento multicolor, se pueden apreciar múltiples manifestaciones de las artes aplicadas: desde una simple clave hasta un óleo o una talla monumental.

La Plaza de La Catedral de La Habana está situada no lejos de la Plaza de Armas, sólo a unas pocas cuadras. Es innegable que se trata de la plaza más conocida de La Habana y, según dicen algunos conocedores, una de las más armoniosas de América Latina.

A pocos pasos de la Catedral, en la calle Empedrado, está la Bodeguita del Medio, la más famosa de La Habana que, desde 1942, fecha de su apertura, ve pasar a miles de turistas que no se detienen ante su exotismo criollo.

Por su extraordinaria belleza y su connotación histórica, La Catedral de La Habana constituye un lugar de obligada visita para los miles de visitantes nacionales y extranjeros que continuamente viajan a nuestra capital.



lunes, agosto 22, 2005

Se rescata un pulmón día a día a la orilla de un río



Casiguagua era el nombre por el que conocían al río los aborígenes de Cuba y luego los primeros colonizadores españoles le llamaron La Chorrera. Pero para hacer honor al Obispo de San Cristóbal de La Habana, Su Exc. Enrique Almendaris, se le dio el nombre definitivo de Almendares, y es así como todavía lo conocemos en nuestro tiempo.

Desde el siglo XVI vio en sus márgenes el desmonte de grandes bosques de maderas preciosas y su corriente sirvió como vía de traslado de los troncos hasta su desembocadura. Esta madera sirvió para la construcción de los más grandes barcos que tuvo la Flota española.

Esta vía fluvial era la principal vía de penetración hacia los campos de la provincia habanera de ahí que en su curso fueron surgiendo haciendas, vegueríos, cañaverales, ingenios azucareros y otras instalaciones.

En la época colonial se llevaba las aguas de La Chorrera hasta la ciudad a través de la Zanja Real, el más antiguo acueducto de América Latina, con la represa del Husillo para encauzar las aguas. Otros cuatro acueductos se sumaron luego para satisfacer las necesidades del desarrollo urbano.

Las márgenes del río fueron deforestadas para construir fábricas y embalses, haciéndolo casi irrespirable. Mostró entonces su rostro la contaminación.

Su cauce hoy a pesar de todos los esfuerzos que se realizan y de la acción geotransformadora, todavía está bien lejos de volver a ser como lo describiera Antonio Bachiller y Morales: “azulado río que tan pronto se desliza como una lámina de cristal”.

Pese a la lamentable contaminación que ha sufrido, quedan algunos tramos del Almendares que semejan playas fluviales.

Los desechos de industrias de materiales de la construcción obstruyen la corriente e impiden su reoxigenación total; en su curso inferior desembocan las zanjas Omega, Santoyo y algunas tuberías que transportan albañales.

En muchas ciudades del mundo hay parques urbanos de gran fama por lo que significan para su población. Estos se convierten en el pulmón verde de dichas urbes, aunque en su interior combinan muchas actividades que se desarrollan en la ciudad: como la industrial, residencial, agrícola, etcétera, pero a una escala menor. Propician el contacto de los pobladores con la naturaleza sin alejarse del centro de la ciudad.

El Gran Parque Metropolitano de la ciudad de La Habana se extiende a lo largo de los últimos 9,5 Km. del Río Almendares, el más importante de la capital, junto a otros grandes parques de La Habana conforman el cinturón verde de esta.

Este parque urbano propone su desarrollo a lo largo de los 9,5 kilómetros finales del río en una extensión de 700 hectáreas en medio de una densa trama urbana. A diferencia de otros grandes parques habaneros, este tiene por peculiaridad la necesidad de armonizar la combinación de funciones de tipo industrial, agrícola, recreacional y el propio desenvolvimiento de los asentamientos poblacionales que hay en el parque.

Pretende a la vez devolver a la Ciudad un pulmón verde al tratar de resolver los problemas que ponen en peligro no sólo al río Almendares, eje del parque, sino también a la flora y los bosques cuya existencia es vital para la identificación de su espacio. Se propone mejorar el entorno natural y construido para elevar la calidad de vida de los moradores más cercanos.

jueves, agosto 18, 2005

San Carlos de la Cabaña era la fortaleza más impresionante y monumental de la colonia española, fue construida a unos 400 metros del castillo de los Tres Reyes del Morro en el lugar desde donde los ingleses dispararon a sus anchas los cañones contra la ciudad y que todavía sigue impresionando con sus imponentes murallas de finales del siglo XVIII.

Esta fortaleza conforma junto con el castillo de los Tres Reyes del Morro el Parque Histórico-Militar Morro-Cabaña. Allí se encuentra la colección de armas antiguas más importante de la nación, y cada noche, cuando los relojes marcan las nueve de la noche (21h), unos soldados, vestidos a la usanza de la época colonial, realizan una linda y vistosa ceremonia que se conoce como el “cañonazo de las nueve”, cañonazo que tradicionalmente se disparaba todos los días en la ciudad. Este disparo data de la época en que La Habana, lo que es hoy su centro histórico urbano, estaba rodeada por una gran muralla y, precisamente, el disparo indicaba el instante en que las puertas de la muralla serían cerradas.

Cuentan que el italiano Antonelli, ingeniero constructor del castillo de los Tres Reyes del Morro, cuando subió en una oportunidad a la Cabaña dijo de manera certera que quien se adueñara de ese promontorio podría dominar fácilmente a toda la ciudad de La Habana, haciendo clara alusión, por supuesto, a la posición estratégica del lugar. Y esto se hizo realidad en 1762 cuando los ingleses tomaron La Habana y usaron ese promontorio para atacar al Morro.

Luego de la ida de los ingleses y teniendo en cuenta esa experiencia, el Rey Carlos III de España ordenó la ejecución allí del castillo en forma priorizada con respecto a cualquier otra obra pública de la colonia.

Su construcción, que costó 14 millones de duros, se comenzó el 4 de noviembre de 1763 y se terminó se terminó en 1774. El ingeniero francés M. De Valliére utilizando a la vez dibujos suministrados por M. Ricaud de Targale elaboró los planos para la obra. Don Agustín de Sotolongo, quien fuera propietario de los terrenos, realizó su donación gratuitamente. Cuenta esta edificación con un polígono de 420 metros de exteriores con sus baluartes, terrazas, caponeras, y revellines flanqueados.

Esta fortaleza, San Carlos de la Cabaña, debe su nombre al Rey Carlos III y a la forma por la que era conocida la elevación donde fue edificada, pues todos la llamaban el Cerro de la Cabaña, porque había allí unas cabañas de pescadores.

Cuentan que cuando el Rey Carlos III conoció de su costo tan elevado, muy asombrado pidió un anteojo para tratar de verla, pues textualmente dijo: "obra que tanto ha costado, debía verse desde Madrid".

Indudablemente que su posición es realmente estratégica, por un lado domina la ciudad, la bahía y la entrada del canal, mientras que por el otro la parte norte de la costa de la ciudad. Fue considerada como la primera fortaleza de América en la época en que fue construida y la más considerable de Cuba precisamente por su admirable y sólida construcción

Esta antigua fortaleza militar, de la época colonial, más allá de su historia y características, cada día tiene en Cuba y en La Habana, en particular, una gran trascendencia. Allí se desarrolla anualmente la Feria Internacional del Libro, un suceso cultural de gran valía para los ciudadanos de San Cristóbal de La Habana.
San Carlos de la Cabaña era la fortaleza más impresionante y monumental de la colonia española, fue construida a unos 400 metros del castillo de los Tres Reyes del Morro en el lugar desde donde los ingleses dispararon a sus anchas los cañones contra la ciudad y que todavía sigue impresionando con sus imponentes murallas de finales del siglo XVIII.

Esta fortaleza conforma junto con el castillo de los Tres Reyes del Morro el Parque Histórico-Militar Morro-Cabaña. Allí se encuentra la colección de armas antiguas más importante de la nación, y cada noche, cuando los relojes marcan las nueve de la noche (21h), unos soldados, vestidos a la usanza de la época colonial, realizan una linda y vistosa ceremonia que se conoce como el “cañonazo de las nueve”, cañonazo que tradicionalmente se disparaba todos los días en la ciudad. Este disparo data de la época en que La Habana, lo que es hoy su centro histórico urbano, estaba rodeada por una gran muralla y, precisamente, el disparo indicaba el instante en que las puertas de la muralla serían cerradas.

Cuentan que el italiano Antonelli, ingeniero constructor del castillo de los Tres Reyes del Morro, cuando subió en una oportunidad a la Cabaña dijo de manera certera que quien se adueñara de ese promontorio podría dominar fácilmente a toda la ciudad de La Habana, haciendo clara alusión, por supuesto, a la posición estratégica del lugar. Y esto se hizo realidad en 1762 cuando los ingleses tomaron La Habana y usaron ese promontorio para atacar al Morro.

Luego de la ida de los ingleses y teniendo en cuenta esa experiencia, el Rey Carlos III de España ordenó la ejecución allí del castillo en forma priorizada con respecto a cualquier otra obra pública de la colonia.

Su construcción, que costó 14 millones de duros, se comenzó el 4 de noviembre de 1763 y se terminó se terminó en 1774. El ingeniero francés M. De Valliére utilizando a la vez dibujos suministrados por M. Ricaud de Targale elaboró los planos para la obra. Don Agustín de Sotolongo, quien fuera propietario de los terrenos, realizó su donación gratuitamente. Cuenta esta edificación con un polígono de 420 metros de exteriores con sus baluartes, terrazas, caponeras, y revellines flanqueados.

Esta fortaleza, San Carlos de la Cabaña, debe su nombre al Rey Carlos III y a la forma por la que era conocida la elevación donde fue edificada, pues todos la llamaban el Cerro de la Cabaña, porque había allí unas cabañas de pescadores.

Cuentan que cuando el Rey Carlos III conoció de su costo tan elevado, muy asombrado pidió un anteojo para tratar de verla, pues textualmente dijo: "obra que tanto ha costado, debía verse desde Madrid".

Indudablemente que su posición es realmente estratégica, por un lado domina la ciudad, la bahía y la entrada del canal, mientras que por el otro la parte norte de la costa de la ciudad. Fue considerada como la primera fortaleza de América en la época en que fue construida y la más considerable de Cuba precisamente por su admirable y sólida construcción

Esta antigua fortaleza militar, de la época colonial, más allá de su historia y características, cada día tiene en Cuba y en La Habana, en particular, una gran trascendencia. Allí se desarrolla anualmente la Feria Internacional del Libro, un suceso cultural de gran valía para los ciudadanos de San Cristóbal de La Habana.