martes, noviembre 22, 2005

Noche de amigos en Los Nardos



Nuestra amiga Emma nos sugirió hace unas noches que nos fuéramos a celebrar la llegada de otro amigo a quien mucho queremos, David, en el restaurante habanero Los Nardos.
Aceptamos su propuesta y hacia allí nos dirigimos en una fresca noche novembrina.
Muchas personas encontramos esperando para subir al sitio. El atribulado portero, las caras ansiosas y el estoicismo con que esperaban su momento nos llamó la atención. No sería en vano la espera. Vale la pena, como dice el psicólogo de la TV.
Los Nardos evocan el suculento ambiente de las bodegas asturianas y la cocina siempre a base de ingredientes naturales.
Se podría decir que es un trozo de Asturias en el corazón de La Habana porque en esta acogedora casa la cocina se eleva a la categoría de sublime con mariscos de calidad, carnes melosas, caldos solventes y verduras al punto.
El trato agradable y su calidad, han hecho que en la actualidad cuente con un público fiel capaz de esperar hasta más de una hora por que se vacíe una mesa y poder entrar a degustar de las maravillas culinarias que allí se ofertan. La posibilidad de escuchar piezas interpretadas al piano y el violín en directo es otro de los muchos atractivos para su fiel clientela.
En un excelentemente ambientado primer piso, frente al Capitolio habanero propiedad de una añeja sociedad española, la Sociedad Juventud Asturiana, donde, hasta fines de 2002, mal funcionaban un minibar y unos billares; un genial golpe de timón lo transformó en el buen restaurante que es hoy. ¡Y el éxito fue extraordinario!
Reitero que normalmente hay que esperar por una mesa, porque la comida, el ambiente, el mobiliario y la decoración diseñados por la artista holguinera Merlis Fernández, y sobre todo los precios, son estupendos y atrayentes. Cuando un restaurante de ese tipo se llena de cubanos no hay duda: se come muy bien, sale barato y las raciones son abundantes. Los Nardos es el ejemplo perfecto.
Los cocineros confeccionaron la sugestiva carta, donde se destacan unos impecables escabeches, su Langosta a la catalana, la Cazuelita del Cantábrico o Los Camarones al ajillo.
Si la cocina es estupenda, lo mismo podemos decir del lugar donde se regodean artísticamente el cedro, la caoba y el cuero a la luz de las románticas velas.
Los Nardos merecen todos los elogios por su estilo y la calidad de su oferta.
Nosotros pasamos una noche ideal y la satisfacción nos duró por mucho tiempo.
Si alguna vez puedes llegar a Los Nardos, ya sabes que será una buena ocasión porque ese restaurante, francamente, está en la cresta de la ola.