miércoles, febrero 22, 2006

Barrio Cuba, cine habanero




La película del momento en nuestras salas de cine es Barrio Cuba, del genial Humberto Solás. Pocos son los que no se han interesado por ir a verla en nuestra ciudad.

Humberto Solás la llama la segunda parte de una trilogía del pueblo, películas donde, según dice, trata de dar una visión honesta y sincera sobre los cubanos de hoy día. En esta ocasión Barrio Cuba se centra en los llamados “palestinos”, cubanos venidos de otros lugares del país, fundamentalmente de las provincias orientales, que habitan los barrios periféricos o suburbios de La Habana. Es un retrato sobre sus esperanzas y frustraciones a los que llevan los caminos en la búsqueda de la felicidad. Estos personajes han de vencer duros obstáculos y el lograrlo les proporciona una forma de redención, a veces contradictoria y polémica, como es el caso de Magalis.

En el filme Magalis, Ignacio, Vivian, Miguelito y Santo son algunos de los personajes que pueblan Barrio Cuba buscando su pedazo de felicidad en La Habana. Seres que apuran la vida, que se rebelan contra un destino incierto y se empeñan una y otra vez en encontrar una salida. La realidad les golpea, pero ellos nunca pierden la esperanza de un futuro mejor, de recuperar un amor, de conseguirlo, de superarse... Barrio Cuba es según su realizador una historia de luchadores cuyas vidas se cruzan tejiendo un mosaico de emociones y sentimientos, a veces contradictorios, siempre honestos. Es también el retrato que Solás hace de un país y de un momento.

Humberto Solás es una figura emblemática dentro de la cinematografía de América Latina. Su debut ocurrió durante la década del sesenta cuando se convirtió en uno de los fundadores del Nuevo Cine Latinoamericano. Es en ese periodo que filma Lucía, considerada por la crítica mundial como una de las diez películas más importantes de la historia del Cine Iberoamericano y del Tercer Mundo.
Sus filmes han participado en Selecciones oficiales de los Festivales de Cannes, Venecia, Moscú, Toronto, Montreal, La Habana, Sundance y San Sebastián, entre muchos otros. Ha obtenido más de sesenta premios en numerosos Festivales

2 comentarios:

Orlando dijo...

O sea, que es un filme de la vida cotidiana de cubanos bajo la tiranía. Por eso hay poco interés...quien carajo quiere ver su vida de trabajo y agonía sin esperanza de mejora y en la pantalla grande.

Anónimo dijo...

Continuando con esta serie sobre La Isla de los Esclavos, pongo a consideración de los lectores algunas preguntitas y afirmaciones –que ni siquiera el gobierno cubano puede desmentir– que me envía mi amigo el espía habanero (al que hasta ahora no pueden descubrir) y que se identifica como “El Lobito”.
¿Sabía usted que Cuba no tiene con qué pagarle a Venezuela el “crédito-regalo” petrolero de Chávez y que lo hace recibiendo pacientes venezolanos en los hospitales cubanos recaudadores de divisas, lo que constituye, en realidad, otro “favorcito” de Chávez a Fidel? ¿Sabía usted que los destartalados hospitales cubanos atienden muy mal a su población pues están pobremente equipados? (no tienen con qué adquirir los avanzados equipos médicos del “imperialismo”). ¿Sabía usted que las intervenciones quirúrgicas que practican los hospitales estatales de Castro le cuestan a cada venezolano 20 mil bolívares, así sean de cataratas?
¿Y la prostitución habanera, el pretexto fundamental para justificar el caballazo que permitió a Castro y sus secuaces apoderarse de toda la isla en beneficio propio?
Bueno, la verdad es que en la época de Batista, La Habana tenía, debidamente registradas, alrededor de 11,000 meretrices, todas ellas mayores de edad. La cifra es ridícula si consideramos que en el Perú ese número es contratado en un solo año por una enorme cantidad de funcionarios gubernamentales para sus acostumbradas juergas Así las cosas, La Habana nunca pudo batir el récord de Río de Janeiro, ni mucho menos el de Nueva York, que continúa siendo el Burdel del Planeta Tierra. Entonces, mejor buscarse otra excusa más creíble.
¿Sabía usted que las putas habaneras, las “jineteras”, son el más moderno ejemplo de la nueva “moral revolucionaria”, muchas de las cuales son graduadas de sus universidades pero jamás consiguen trabajo? ¿Sabía usted que las pobres “jineteras” son las rameras más baratas del mundo y que usted puede contratar los servicios de jovencitas de 16, 14 y hasta 12 años de edad por sólo el jaboncillo del baño del hotel o por un rollo de papel higiénico? ¿Qué prostitución sería la que Fidel erradicó? Y todavía hay castristas en el mundo… ¡La pucha!
Cuba es el último reducto de un sistema que fue sacado a patadas por el pueblo en Europa Oriental. Los habitantes de esos países consideran que aquello fue una pesadilla que no quieren recordar jamás. Los partidos comunistas, avergonzados y despreciados, se cambiaron de nombre para engañar con otra máscara. De allí salieron los “caviares” y miles de oenegés que aún pretenden cojudearnos. Y el segundo país de América Latina en caer a ese infierno será, no lo duden, Venezuela. Chile ya estuvo allí y quedó permanentemente vacunado contra esa magna imbecilidad.
Quise ocuparme en este artículo de las verdaderas personalidades de ese par de cabrones conocidos como El “comandante” Fidel Castro y el vulgar asesino Ernesto Guevara, (a) “El Che”, (a) “El Doctor” y (a) “El Comandante de América”, pero no me quedó espacio. En mi próxima nota, titulada “La Cuba anterior a Castro”, veremos la verdad de ese par de delincuentes.