martes, marzo 23, 2010

La trova es una sola a través del tiempo

La trova, expresión musical nacida en Santiago de Cuba con los sentimientos de nacionalidad cubanos, está intrínsecamente vinculada a su pueblo.


Con las guerras de independencia del siglo XIX cristalizó la cultura cubana, mestiza e híbrida, simbiosis de las culturas europea y africana de los colonizadores españoles y los esclavos traídos desde el continente negro.


La música, manifestación que desde temprano alcanzó una definición propia, se caracterizó por la creación de canciones con textos que resaltaron la belleza de sus elementos autóctonos.


El musicólogo Olavo Alén explicó que la cubanía se expresó entonces de manera muy peculiar en la canción trovadoresca, estilo surgido del término con que se autodenominaron Sindo Garay, Manuel Corona y Alberto Villalón, algunos de sus primeros y más importantes cultores.


Estos, a la usanza de los poetas que cantaban versos en los feudos medievales de Europa, guitarra en mano recorrían esta ciudad para cantar a la mujer, a la Patria, al amor y al desamor.


Sin embargo desde que Pepe Sánchez compusiera Tristezas -obra fundacional del género- hasta nuestros días, esa expresión musical de la identidad cubana ha evolucionado.


En los años 40 del pasado siglo surgió una modalidad de la canción romántica con influencias del jazz denominada filin (del inglés feeling: sentimiento) que los estudiosos han llamado trova intermedia, donde un hombre con su guitarra cantaba sus sentimientos.


A principios de la década de 1970 nació el movimiento de la Nueva Trova, basada en el amplio contexto musical que para entonces se había desarrollado en la isla y que se nutría, asimismo, de estilos foráneos, protagonizado por Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Sara González y Noel Nicola.


Y la manifestación siguió creciendo hasta que se habló de la novísima y la postnovísima.


Los más jóvenes juglares cantan según su manera de vivir, según las circunstancias en que se desenvuelven y el entorno que los afecta, la evolución hace que esa música se mantenga viva.


Cada manifestación trovadoresca tiene su época y está permeada por el entorno, por las circunstancias en que vive el trovador y el compositor, explica el musicógrafo Lino Betancourt .


No hay una sola canción de la trova cubana que no sea legítimamente de su pueblo, cuando la gente quiere cantar, afirma.


La trova tradicional, la intermedia, nueva y la novísima, forman parte de una solísima trova, destacó el también periodista y profesor, recordando unas palabras del cantautor Silvio Rodríguez, es una revelación de la identidad cubana llena de lirismo, de poesía y de apasionamiento.

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