jueves, agosto 14, 2008

Terminó taller de danza contemporánea




Médicos, informáticos, profesores, trabajadores sociales e instructores de arte, componen la masa heterogénea de alumnos que concluyeron el taller de verano ofrecido por Danza Espiral, en esta ciudad.

Para María Antonia Simeón, profesora universitaria de 50 años de edad, estos días de clases danzarias le permitieron ampliar su conocimiento sobre ese arte, utilizar el tiempo libre y mejorar la calidad de vida mediante ejercicios y prácticas de bailes cubanos y de otras latitudes.

Como una feliz coincidencia María Antonia fue alumna junto a sus tres hijos Frank David, Pablo Antonio y Víctor Manuel y bailaron coreografías como Las calles de mi ciudad, y una conga que forma parte del repertorio de la compañía.

El espectáculo final de ese taller de verano auspiciado por Espiral, concluyó este jueves en el teatro Sauto, de la ciudad de río y puentes, con la participación de los casi 80 matriculados, cifra record, e incluyó piezas del folklor, danza moderna, bailes caribeños y flamenco, entre otros.

Liliam Padrón, coreógrafa y directora de la Compañía Espiral, dice que los bailarines convertidos en profesores realizaron una gran labor, estos cursos de verano posibilitan la retroalimentación con quienes serán luego un público conocedor y cada vez más culto, afirmó.

Padrón, con más de 20 años de experiencia en la labor con personas aficionadas al arte de la danza, catalogó de exitoso el taller, y llamó a las personas de la tercera edad a que se incorporen el próximo año, como una alternativa para mejorar también la calidad de vida.

3 comentarios:

(^oo^) bad girl (^oo^) dijo...

Well well well......

Anónimo dijo...

Sand of an open sea.

The strong
sands of an open
sea give an
illusion to that
beautiful sunset,
while a gentle
delight reappears,
suddenly, where
a glimmer outshines....

Francesco Sinibaldi

Anónimo dijo...

An evidence for you.

When everything
shines in the
light of October
there's a beautiful
seaside, and a
careful watcher: the
sun fades away,
and even a
strange man
arrives near a
fountain.

Francesco Sinibaldi