viernes, junio 29, 2007

Crónica de una cena anunciada

Con el permiso y todo el respeto que merece el Gabo, echo mano a su ingenio parodiándolo ante un hecho ya de importancia especial para un grupo de amigos. La llegada a la ciudad de Colón fue realmente impactante, pues el Club de Oyentes de Radio Llanura de Colón Eddy Martin, casi en pleno esperó a los hijos del ilustre periodista y sus acompañantes. David, Adaleida, Martha, Mary, Carlitos y muchos más, incluidos algunos infantes mostraban su júbilo con gran espontaneidad.

Los besos y abrazos por el conocimiento y reconocimientos de cada uno de ellos se sucedieron casi olvidando recoger el equipaje dentro del ómnibus.

De inmediato se inició un recorrido por la calle principal de la ciudad, Carretera Central, con dirección a la casa de Mary y Raúl, sitio de Bienvenida. Linda tarde soleada tras una lluvia que refrescó los calores del naciente verano tropical nuestro.

El Hotel Santiago Habana, uno de los más conocidos de la ciudad y recientemente remodelado abrió sus puertas para alojar a los visitantes y se creó la expectativa para una noche inolvidable con una cena criolla y una verdadera lluvia de boleros, ese género tan nuestro y de tanto arraigo popular.

Llegada la noche comenzó la marcha hasta el lugar donde sería la cena: la casa de Inés, otra de los miembros del Club de Oyentes Eddy Martin de Radio Llanura de Colón.

Allí se reiteraron las muestras de cariño y en un patio verdaderamente acogedor se reinició la recepción sin protocolos de ningún tipo, innecesarios entre gente que desborda sencillez y sinceridad por todos sus poros y sus acciones.

La fragancia de las plantas del entorno y el cielo estrellado creaban cierta magia para la ocasión. La iluminación diseñada por los diligentes miembros masculinos del club completaba el ambiente íntimo y familiar a la vez.

Simpáticas anécdotas, criollísimos chistes, y la presentación de algunos que no estuvieron en la bienvenida, como sucedió con Humbertico López, conductor del popular programa de radio que dio origen al Club de Oyentes protagonista de este encuentro entre amigos y su abuela, precedieron a la cena.

Un original cartel colocado en la pared al fondo del patio, rutilante y original, daba la bienvenida a todos los comensales.

Ameno diálogo entre todos, intercambio de ideas, expresiones jocosas y sobre todo mucho amor se desprendía de aquel encuentro donde a cada segundo se iban descubriendo facetas de la vida de cada uno y se destacaban las razones por las que el Club de Oyentes recibió el nombre del inolvidable Eddy Martin Sánchez.

David, presidente del Club, siempre haciendo de las suyas, Adaleida, activa vicepresidenta eternamente sonriente haciéndole la segunda, Mary, centro y corazón del entusiasmo regalándonos sus ocurrencias, Raúl guardando en imágenes los momentos para que no mueran en el recuerdo, Humbertico regalando las ondas de su voz… Anita disfrutando a carcajadas, Yolanda no menos risueña y Eddy Martin Jr. disfrutando del momento como no imaginó jamás. Este modesto cronista se sentía embriagado de placer por tanta cordialidad y tantas muestras de cariño.

Cuando las anfitrionas con Inés y Martha al frente iniciaron el desfile de manjares no salíamos del asombro por los aromas y por la belleza de las presentaciones de los platos multicolores, pletóricos de vegetales y sobre todo haciendo gala y honor a la cocina criolla.

Las más disímiles ensaladas invadieron la mesa dándonos una muestra de la calidad y el valor de la comida vegetariana. Zanahorias ralladas, pepinos, espinacas, habichuelas…

¡Y qué decir del tamal en sus dos formas más tradicionales! El amarillo color del rey de las gramíneas americanas matizado con el verde de los vegetales y el brillo de los chicharrones invitaban hasta al más desganado a degustar de tan apetitoso manjar.

Humeante y brillante llegó el congrí, esa guarnición tan alabada en la mesa del cubano en cada ocasión especial, acompañado de las chicharritas para unos y mariquitas para otros que crujientes señoreaban por toda la mesa, cercanas a su compañero el plátano frito.

Con una salsa como para dioses hizo su entrada el asado con unos dorados muslos de pollo cuya cantidad llenaba y sobrellenaba la vista de los presentes. ¡Y la yuca con mojo, fabulosa! Como diría un simpático personaje de la radio.

Creo que tan solo con ver y oler ya estaba más que logrado el objetivo de propiciar placer ante la mesa con los amigos alrededor.

Un exquisito jugo de mango y piña hizo las delicias de todos. La mayoría de los presentes desconocíamos la mezcla de tan delicados sabores. Maravillosas frutas del patio en fraternal abrazo para ofrecer un delicioso resultado.

La sobremesa no pudo ser mejor. Todavía sonrío recordando las anécdotas de Ana Martin y de Mary Rego, la puja por ver quién comió más y las frases de elogio ante el postre de Pudín diplomático con maní acompañado de un dulce de coco, comida de reyes. Pero las palmas anecdóticas son para David y Adaleida, dos artistas natos a la hora de hacer amena una conversación.

La gula hizo de las suyas esa noche. Fue realmente agradable que nos hayan concedido esta fiesta para el paladar y sobre todo el haber tenido el privilegio de compartir con los amigos una cena así, que por cierto, no es la última cena. El recuerdo engrosará la lista de los favoritos para muchos de nosotros. De ello estoy seguro. La noche de boleros la retomaremos en otra ocasión.

1 comentario:

Fer Ledesma dijo...

Por cierto, acabo de escuchar a Vania Borges, y me parecio una voz excepcional. El disco Rythms del mundo: Cuba, es uno de mis preferidos. En el blog he comentado algo.
saludos, nuevamente